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Por Nico Valado desde París

Gabriela Chavez está en la tribuna de Arsenal. Ella, hoy, es una más de las 11.533 personas que presencian la victoria de la Selección Argentina por 4-0. Está acompañando. ¿Cuántas de las personas a su alrededor saben que ella ya estuvo en un Mundial? Pocas. Ninguna sabía que iba a estar en el próximo.

Del fondo al frente de la foto. Chávez, bonaerense de 30 años, fue parte del plantel que disputó el Mundial de China 2007. Belén Potassa y Vanina Correa también fueron parte. Mariela Coronel no, a pesar de haber sido parte del proceso clasificatorio (Campeonato Sudamericano incluido) y haber estado en la edición 2003. Qué golpe habrá significado verlo de lejos. Qué revés del destino aquel y que inesperado este presente de Francia 2019. Mientras Coronel jugaba su primer mundial, Dalila Ippolito empezaba a caminar. La futbolista más jóven del plantel nació en 2002 y es la única de este milenio.

(Ph: Macarena Díaz Peyrous)

Ippolito, compañera de Chavez en River, también vio el repechaje frente a Panamá desde fuera del campo de juego. El grito de Larroquette, los goles clave de Stabile y la estocada de Yamila Rodriguez sobre el final del partido. Gabriela Chavez estaba ahí. Vestida con la camiseta argentina modelo 2008/09 con el número 2 en el frente. No se llega a ver si tiene su apellido en la espalda.

Quizás haya habido un llamado del entrenador entre diciembre y enero. No lo sé, lo intuyo. “Movete que entrás”. Quizás no. Quizás haya sido la propia determinación de la jugadora de estar. De mudarse de club. De dedicarse exclusivamente a entrenarse. A alcanzar el mejor nivel en años. Desde ese 2016 dónde Borrello la fue a buscar para que vaya a UAI Urquiza y Chavez corría sola en Ezeiza para ponerse a tono de sus compañeras. Al igual que en la Copa América 2018, fue parte de este proceso mundialista en el tramo final de preparación.

En la historia de la mediocampista argentina están todas las historias. La superación, la resiliencia, las subidas, las bajadas. Verlo desde la tribuna. Soñar con estar ahí. Soñar con modificar la realidad. Por primera vez, niños y niñas verán los encuentros del seleccionado argentino desde la escuela. Ver un Mundial en el colegio es especial. Todos nos acordamos aunque sea un partido que hayamos visto en la escuela. ¿El mío? Argentina-Serbia 2006. 5to año. El gol de Cambiasso fue éxtasis.

Volvamos a 2019. Habrá toda una generación de niñes que construirán un recuerdo. Habrá niñas que verán que es posible tener la atención de ese espacio en el mundo y que el motivo sea -ni más ni menos- mujeres jugando al fútbol. Representando al país. Quizás les despierte la misma sensación que a Gabriela Chávez en aquella tribuna de noviembre en Sarandí. El querer estar. Esta selección que tiene en sus pies la posibilidad de inspirar a las futuras generaciones. Enviando un mensaje claro a través de las pantallas de todo un país.

Debuta Argentina en la Copa del Mundo Francia 2019. Reseteamos el contador a cero tras doce años de acumular meses, días, horas y minutos de no estar. Juega Argentina. Salen a la cancha estas jugadoras que nunca fueron 23. En sus botines, la posibilidad de inspirar a toda una generación de jóvenes que se transformarán en futuro. Las Ippolito de 2003. Del fondo al frente.

Juega Argentina y en cada partido un mensaje a las generaciones venideras. Juega Argentina y un pedido para las futbolistas que todavía no lo son pero que podrán empezar a soñarlo desde el 10 de junio. Juega Argentina y les avisa a las futbolistas del mañana: “Movete que entrás”.

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