AFA, FIFA, Mundial 2019, Primera "A", Seleccion Argentina

Por Nico Valado ATR desde París

Argentina rescató un punto histórico en el arranque de la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2019. Jugadoras, cuerpo técnico e hinchas protagonizaron un final emocionante que hizo vibrar a un país.

Es celeste y blanca la tarde en París. Después de unos días de cielo gris, plomizo, salió el sol en la ciudad luz. En los alrededores del Parque de los Príncipes, en las calles, todo se empieza a teñir de albiceleste. Se ven banderas, camisetas hasta caras pintadas con los colores de la bandera nacional.

Hay verde también. Verde en el campo de juego y en los cuellos de muchas de las asistentes. El mayor escenario de fútbol femenino también tiene la asistencia de un signo local tan importante en el último año en nuestro país. Las cámaras enfocan las tribunas del Estadio y en la pantalla gigante la imagen se repite. Camiseta argentina, pañuelo verde. Camiseta Japón, hachimaki en la cabeza.

La selección nacional terminó con la cuenta progresiva que acumuló 12 años sin presencias mundialistas. El equipo de Carlos Borrello, este de 2019, saltó a la cancha a enfrentar a una de las potencias mundiales de la disciplina. Lo que ya sabemos, campeona del mundo en 2011, subcampeona en 2015. Un hueso difícil para la albiceleste. 25 mil personas se preparaban para ser testigos de una tarde inolvidable.

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O juremos con gloriar morir! Vamos Argentina

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La parte inicial estuvo representada por el orden de ambos conjuntos. Japón sin romper filas en pos de buscar el gol y Argentina cerrando líneas para ahogar cualquier intento de avance japonés. El partido era estratégico. No dejar espacios para que las subcampeonas del mundo patearan al arco. Si estaba todo dado, ir en busca del arco rival. En ese sentido, Argentina ganó la pulseada táctica desde el planteo. ¿Nervios? Sólo en los primeros minutos y en ambos lados.

La parte complementaria encontró a Japón más volcado en ataque. Antes de los 20 minutos iniciales contó con chances para abrir el marcador pero primero Correa y después la poca eficacia japonesa mantuvieron el marcador en cero. Pasaban los minutos. Escucho los gritos de cábala cada vez que la pelota estaba cerca del arco argentino. Los alivios cada vez que Japón erraba. Se acercaba el final y la tensión crecía. Afuera, un palco de periodistas argentinos que suspirábamos a medida que los minutos pasaban. Allá, en casa, pienso que son millones alentando a, la que se transformó, en su nueva selección.

¡4! Cuatro va a dar. Los últimos minutos se tornaban vitales para la albiceleste. Mientras Banini era tendencia, en las redes y en el campo, el momento del final se acercaba. Había que cuidar lo construido. Este punto que es más que un punto. Es el primero en la historia de los Mundiales para el conjunto nacional. Es ejecutar un plan preciso, pensado, minucioso. Es demostrar que podemos competir en este escenario global. Demostrar que Argentina se planta y eleva la camiseta a un nuevo nivel.

Estas jugadoras, las que la visten, nos llenan de orgullo. ¿Para qué negarlo? Van rompiendo barreras en cada partido. Ahora y desde que son pequeñas. Cuando decidieron jugar este deporte. Justo este deporte. El que no les pertenecía. El que era para varones. Rompieron el techo que les habían puesto en la Copa América pasada. Jugaron un Repechaje ante 11.500 argentinos y ganaron. Y hoy, justo hoy, rompieron otro techo más. Piso a piso. Van construyendo este edificio del fútbol femenino argentino.

Levanta los brazos la árbitra del encuentro y las rodillas caen al suelo. Argentina está flotando en este cielo celeste y blanco de París. Argentina hace que un país festeje un empate y que no esté mal visto. Lo que parecía imposible, lo que no estaba en los planes de casi nadie. Esta selección lo hizo otra vez. Sacando el im. Dejando lo posible.

Los diarios del futuro dirán que este fue el primer punto de la Selección Argentina en una Copa del Mundo Femenina. Nosotros sabemos que significa mucho más. Por los abrazos en la zona mixta. Por el canto de las jugadoras en el vestuario. Por las lágrimas de Cometti, de Correa, de Bravo con el final del partido. ¿Cómo no te vas a emocionar? Vení. Subite. Compartamos juntos este camino.  Te prometo, porque ya lo vi, que hay mucho más. Pasen, es por acá. Es todo celeste y blanco.

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